Participantes en una actividad en la Casa de la Ciencia-CSIC.

Conocer cómo se transforma un patio, aprender a crear robots de tamaño reducido o la ciencia y la historia que esconde una caña de cerveza son algunas de las propuestas combinadas en el programa de la Semana de la Ciencia de la provincia de Sevilla. En la edición XVIII de esta quincena científica, 35 entidades han colaborado para diseñar un que acercará a más de 11.700 personas las principales líneas de investigación de la provincia y buscará despertar nuevas vocaciones científicas mediante el ocio y la divulgación.

La Semana de la Ciencia, que coordina en Andalucía la Fundación Descubre y organiza la Consejería de Conocimiento, Investigación y Universidad, mezcla en Sevilla los secretos de la robótica con conferencias para conocer las posibilidades de los clones, las consecuencias del cambio climático o los extramófilos, una demostración de la vida al límite.

La Universidad de Sevilla lidera por número de propuestas las alternativas para combinar divulgación y entretenimiento y, con su treintena de actividades acercará pretende despertar vocaciones científicas con retos, jornadas de puertas abiertas y la química suficiente para que los estudiantes se enganchen a la ciencia. Para alcanzar el éxito esta institución ha diseñado una gymkana matemática, retará las habilidades con un rompecabezas sobre los continentes y descubrirá las claves para hacer cerveza, una clase que se acompañará de una cata para demostrar si la lección de ha aprendido.

Las propuestas de la Universidad de Sevilla descubrirán también los mitos del cerebro, las posibilidades de la espectroscopia para analizar el patrimonio o la Biblia en el Quijote. Además, le pondrá arte a la labor investigadora con jornadas de puertas abiertas de la fototeca y o con la muestra de arquitectura efímera. Miles de estudiantes descubrirán la complejidad de monedas o latas de refresco contempladas por el microscopio o la magia de lograr viscosidad a golpe de probeta.

La agenda de esta quincena científica arrancó el pasado 5 de noviembre y ha permitido romper distancias y sentar en la misma mesa a investigadores que, con mucho ‘Café con Ciencia’, han sabido ‘vender’ las principales líneas de trabajo que se desarrollan en los laboratorios de la provincia.

Este formato para desterrar corsés y tecnicismos y exponer los estudios científicos desde lo cotidiano sirvió para descubrir los secretos del biobanco de los hospitales sevillanos, acercarse al trabajo de los geólogos o descubrir los últimos avances en microelectrónica.

Actividad de la Universidad de Sevilla.

El Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC) ha sumado a un programa de conferencias para analizar las posibilidades del ADN o las consecuencias de los transgénicos el reto de convertir el teléfono móvil en lupa, el juego de adivinar qué planta tiene cada uno de las manos o un taller para explorar el universo microbiano. Estas propuestas, junto a las ideadas para dar utilidad a la basura, se suman a las diseñadas por la universidad Pablo de Olavide, que este año ha convertido a alumnos de bachiller en científicos capaces de extraer ADN vegetal de plátanos o cebollas y los ha retado a superar los talleres ideados para descubrir que todo esconde una porción de ciencia.

Las propuestas sevillanas de esta Semana de la Ciencia han mostrado además el trabajo de la Estación Biológica de Doñana o el Hospital Universitario Virgen del Rocío para descubrir la labor del Instituto de Biomedicina y han acercado a los especialistas del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER).

El Centro de Investigaciones Científicas Isla de la Cartuja (CicCartuja) ha sumado a sus dosis de Café con Ciencia una jornada de futuros científicos y el Museo Casa de la Ciencia de Sevilla-CSIC ha combinado una exposición de setas con las posibilidades de la biología molecular aplicada al orden boletales, las ventajas y desventajas de la caza con la veloz evolución de los venenos.

La oferta de la Semana de la Ciencia de Sevilla ha convertido en juego la ciencia para que los escolares descubran si tienen alma de científico loco o adivinen qué planta tienen entre sus manos, ha destacado el papel de las investigadoras a lo largo de la historia, ha expuesto a las pioneras “a pesar de las circunstancias” en la generación del 98 al 27 y ha demostrado que la filosofía también puede ser cosa de niños.